De la calle a El sueño caribeño

Soy Alan Castillo, originario de ciudad del Carmen Campeche 31 años, Radico en la actualidad en playa del Carmen, soy cocinero y me encanta lo que realizo.

Empecé a cocinar y a degustar la cocina por medio de mi madre y abuela que siempre prepararon comidas típicas, mi abuelo fue un de los primeros camarones que llegaron a la isla del Carmen en los años 50 creo que de ahí proviene mi amor ala cocina del mar, posteriormente mi involucró en el negocio familiar en una fondita de mi madre desde 1991 a 2004 entonces el gusto por cocinar se volvió una pasión logrando a lo largo del tiempo aprender de personas importantes.

Asimismo hoy continúo aprendiendo en cada paso y en cada restaurante que tengo la oportunidad de aprender, me encanta la comida yucateca sobre todo el pulpo y venado, y por supuesto la cochinita enterrada o el relleno negro está vez tengo la oportunidad de estar conviviendo con personas cálidas que sin duda brindaran mas emociones a mi vida.

El sueño caribeño como lo encabezo en este artículo, trata de como una persona de escasas oportunidades logra obtener una vida distinta a lo vivido en esa mágica isla donde vivir la gastronomía local es una experiencia única pero la realidad es que se aprende lento aún que sin duda la comida Carmelita es muy buena siempre disfruto de las clásicas chalupas o de los cokteles de Verdejo que siempre son mis platillos preferidos..

Hoy en día me dedico armar mis propios platillos buscando sabores pero que vienen de lo más clásico de la comida mexicana el maíz, el aguacate y los chiles en mi cocina no pueden faltar estos productos.

En 2019 abrí mi restaurante de nombre PALMAHIA en la ciudad de playa del Carmen, lo distinto a otros restaurantes es que yo mismo pesco los peces que cocino, es muy especial para mí sacrificar un animal sobre todo especies como huachinangos, robalos y chernas para mí son peces especiales su sabor es único y mi necesidad es llevar a la mesa un buen sabor de boca al sacrificio de estos peces tan especiales.

También tengo el privilegio de ver cómo las personas disfrutan de un platillo acariciando la brisa del mar el color turquesa del agua que hacen de este lugar un cómodo espacio para comer y relajarte.